Seguramente, hubo un tiempo en que el ciudadano de a pie hasta tuvo la esperanza de que quienes se encargaban de dirigir nuestros partidos políticos tuvieran una mínima preparación y fueran capaces de saber organizar las cosas con eficacia y eficiencia. Pero eso, si alguna vez sucedió, fue hace ya muchísimo tiempo. Hoy, por el contrario, todo el mundo sabe ya qué se cuece en las altas esferas y cómo se llega ahí, por lo que son bien pocos los que hacen gala de tanta ingenuidad. Más bien al contrario, el ciudadano asume que los partidos políticos están repletos de enchufados que se han ganado el puesto no por méritos propios, sino haciéndole seguidismo al jefe. Y lo más triste de todo es que, visto lo visto, a uno le quedan pocos argumentos con los que contrarrestar dichas opiniones, la verdad. De muestra, un botón: quienes representan a las Agrupaciones Locales de la capital recibieron el pasado viernes una invitación de la Secretaria de Organización convocándoles a asistir a la reunión del Comité Ejecutivo Provincial... al día siguiente. Se me ocurren muchas ideas sobre dicha convocatoria, pero ninguna de ellas es muy positiva.
Veamos. En primer lugar, enviar la convocatoria de una reunión que va a tener lugar el día después de cursada representa una enorme falta de consideración. Indica, entre otras cosas, que no se tiene respeto alguno por el tiempo del militante al que se envía la convocatoria. Se asume, de hecho, que el receptor de la invitación ha de sentirse tan halagado por la misma que procederá inmediatamente a cambiar toda su agenda para el sábado, llueva, nieve o granice. Pero es que, además, demuestra la poca importancia que se concede a la compaginación del trabajo, la militancia y la familia, por más que la idea siempre esté presente en los discursitos. Como de costumbre, a quienes más prejudica dicha actitud es precisamente a las mujeres, que siguen encargándose de una parte desproporcionada de las tareas domésticas, desgraciadamente.
Pero es que, segundo, el comportamiento aquí reseñado demuestra una concepción autoritaria y arcaizante del poder, pues entiende que el militante de base (incluso el representante de las Agrupaciones Locales en el Comité Ejecutivo Provincial) está a mandar, plenamente supeditado al antojo de la dirección. En otras palabras, que demuestra una concepción piramidal del poder en la que el representante se limita a cumplir lo que le indiquen desde arriba, supeditado a lo que se decida en las altas esferas. Ni que decir tiene que esta actitud deja entrever una filosofía poco democrática de la vida interna del partido, en la que la dirección asume y dispone, y el resto de la "tropa" sigue las órdenes. Se trata, evidentemente, de un modelo organizativo piramidal, en el que la información fluye siempre de arriba abajo.
Por último, no sé si se han parado siquiera a pensar en el hecho de que convocatorias de última hora como ésta (de hecho, como casi todas las que hacen) distorsionan el proceso de democracia representativa hasta hacerlo irreconocible. Sencillamente, ¿qué representante tiene tiempo para discutir con sus compañeros de Agrupación los puntos del orden del día que se van a tratar en el Comité Ejecutivo Provincial si recibe la convocatoria con menos de 24 horas de antelación? Ni que decir tiene que el representante en cuestión sólo podrá representarse a sí mismo en los debates que tengan lugar. ¿Cómo va a poder llevar la voz de la Agrupación al Comité Provincial si ni siquiera se le ha informado del día, la hora, el lugar y los temas a discutir con la suficiente antelación? Se trata, obviamente, de una mascarada de democracia.
Soy perfectamente consciente de que el PSOE de la provincia de Sevilla está viviendo unos momentos difíciles en los que se está viendo un enfrentamiento muy duro entre dos sectores de la militancia (algo que, por otro lado, parece de lo más normal en el caso del PSOE de Sevilla, que casi parece estar abocado a este tipo de divisiones de forma eterna por algún tipo de castigo divino), y que lo más probable es que la invitación se haya cursado a última hora precisamente con la intención de que los representantes de las agrupaciones de la capital no acudan. Independientemente de que ello ya sea lo suficientemente serio como para ilustrar el nivel de conciencia democrática que puedan tener quienes dirigen el cotarro, lo verdaderamente triste es que incluso en aquellos casos en los que no hay tal división o confrontación interna se producen este tipo de incidentes. En fin, que la desorganización, la ineficiencia y la improvisación constantes se han asumido con tanta naturalidad que hay hasta quien lo ve como un rasgo del ser andaluz, un hecho del que estar orgulloso. No me cabe duda por ello que este tipo de vergonzoso comportamiento no se limite ni mucho menos a tal o cual "familia" o grupo de poder.
10 de noviembre de 2008
7 de noviembre de 2008
Los socialistas franceses eligen entre seis candidaturas por sufragio universal directo y secreto.
Comparado con el numerito de nuestro Congreso Provincial aquí en Sevilla —no entremos siquiera a valorar el proceso de elección de los comités locales, con gestoras y suspensiones de militancia incluidas—, resulta refrescante leer cómo se las arreglan los compañeros socialistas franceses para presentar nada menos que seis candidaturas diferentes de cara a su próximo congreso, que se celebrará la semana que viene. Es más, la noticia publicada por La Vanguardia se cierra con los siguientes dos párrafos que casi hacen que se me caiga la baba:
Ciertamente, no es oro todo lo que reluce, pero menos da una piedra. ¡Ya quisiera yo algo así aquí en España! Conversaciones de pasillo, todas las que se quiera. Negociaciones en salas cerradas, lo mismo. Acuerdos entre las distintas corrientes, ídem de ídem. Ahora sí, que los candidatos hagan campaña, debatan y se ganen el voto de los militantes uno a uno donde hay que ganárselos, en las urnas.
Aquí, con nuestro pesismismo vital de siempre, no faltan los compañeros que me han saltado con aquello de: "claro, es que en Francia estamos en la oposición, así que no me extraña que hagamos esto para motivar a las bases". A lo cual no queda sino responder con una pregunta obvia: ¿y en la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana, Murcia o La Rioja cuándo fue la última vez que gobernamos y no nos aplicamos el cuento? En fin, que más vale ponerse las pilas y hacer un esfuerzo por democratizar el partido y abrir las ventanas para que se airee porque, de lo contrario, pintan bastos, sobre todo ahora que se le ven las orejas al lobo de la recesión.
De aquí al congreso se espera que se lleven a cabo negociaciones para formar eventuales alianzas entre esas cuatro facciones para hacerse con el control de la formación socialista, y designar al próximo primer secretario, un puesto para el que Royal había dicho hace unas semanas que no pensaba presentarse.
Los militantes serán de nuevo los que elijan en otra votación el día 20 al sucesor de Hollande, que lleva once años al frente de la formación, y del que no se excluye que se presente como candidato socialista a las próximas presidenciales francesas, que deben celebrarse en 2012.
Ciertamente, no es oro todo lo que reluce, pero menos da una piedra. ¡Ya quisiera yo algo así aquí en España! Conversaciones de pasillo, todas las que se quiera. Negociaciones en salas cerradas, lo mismo. Acuerdos entre las distintas corrientes, ídem de ídem. Ahora sí, que los candidatos hagan campaña, debatan y se ganen el voto de los militantes uno a uno donde hay que ganárselos, en las urnas.
Aquí, con nuestro pesismismo vital de siempre, no faltan los compañeros que me han saltado con aquello de: "claro, es que en Francia estamos en la oposición, así que no me extraña que hagamos esto para motivar a las bases". A lo cual no queda sino responder con una pregunta obvia: ¿y en la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana, Murcia o La Rioja cuándo fue la última vez que gobernamos y no nos aplicamos el cuento? En fin, que más vale ponerse las pilas y hacer un esfuerzo por democratizar el partido y abrir las ventanas para que se airee porque, de lo contrario, pintan bastos, sobre todo ahora que se le ven las orejas al lobo de la recesión.
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6 de octubre de 2008
De ganadores, perdedores, la partitocracia dominante y la apatía ciudadana.
A nadie se le oculta que, desde que finalizara el Congreso Provincial del PSOE de Sevilla, las cosas no han ido nada bien en la capital andaluza. Como si se tratara de una guerra abierta, nadie se recata en hablar de "ganadores", "perdedores" y, por desgracia, hasta de "exigir responsabilidades" por el tremendo crimen de haber defendido opiniones distintas a las de la mayoría, responsabilidades que, como pueden imaginar, se extienden a perder el propio cargo, independientemente de cómo se haya estado ejerciendo durante los últimos años. Tenemos, así, en primer lugar, la destitución de Demetrio Pérez como Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla independientemente, como venía diciendo, de su gestión al frente de dicho cargo. En otras palabras, que se le castiga no por no haber rendido lo suficiente o por haber cometido error alguno en su gestión como delegado —habitualmente, y esto ya es triste, eso no se considera motivo suficiente para la destitución de nadie, siempre y cuando se posicionen correctamente en lo que respecta a las luchas internas por el poder—, sino que se le castiga por el imperdonable pecado de haberse propuesto como candidato alternativo a la Secretaría General del PSOE sevillano. De la misma forma, hacer uso de su derecho democrático a la libertad de expresión y de voto le ha costado el cargo también a Matilde Marín en la Diputación Provincial. A lo mejor éstos intentan instaurar ahora una nueva práctica política desconocida en las democracias avanzadas: el destierro del perdedor. Si es así, propongo que se envíe al exilio inmediatamente a todo aquel desgraciado que se haya atrevido a presentarse como candidato y haya perdido (por ejemplo, Arenas; por ejemplo, Rajoy; o, por ejemplo, nuestro propio Felipe González, que perdió en su momento frente a Aznar y sus huestes). Nada de trabajo y nada de mentenerles en nuestra sociedad con una tolerancia que claramente no se merecen, pues no cuentan con el apoyo de la mayoría. ¡Al exilio con ellos!
Pero ahí no ha quedado la cosa. El despropósito hay ido mucho más allá. Además de eliminar a todo aquel que haya cometido el error de posicionarse donde buenamente ha creído conveniente -como se supone que debemos hacer todos en una democracia- también se ha lanzado una operación contra el PSOE de la capital y el Ayuntamiento para obligarles a que sigan a pies juntillas lo que se indique desde el Provincial. Parece que, una vez más, se está confundiendo ganar un congreso con un "ordeno y mando" que todos pensábamos había quedado ya enterrado y bien enterrado. A tal punto ha llegado el descontrol que hasta Chaves ha tenido que hacer unas declaraciones advirtiendo sobre los problemas que nos pueden acarrear tanta rencilla interna.
A ver si podemos entendernos. El Congreso Provincial lo ha ganado clarísimamente el llamado sector oficialista, liderado por José Antonio Viera. De eso no cabe la menor duda y no queda más remedio que aceptarlo democráticamente, se piense lo que se piense de la forma en que se ha ganado o, más importante aún, del hecho de que ni siquiera se dio la posibilidad a que hubiera una opción alternativa. Esto quiere decir que la política del Partido Socialista en lo que respecta a la provincia de Sevilla queda en manos del nuevo Comité Ejecutivo y su Comisión Ejecutiva Provincial. Ahora bien, quede claro que estamos hablando de la política socialista con respecto a la provincia, y no con respecto a todos y cada uno de sus pueblos y capitales. Que yo sepa, de la misma manera que hay un Congreso Provincial encargado de establecer las políticas a dicho nivel administrativo, así como de elegir los órganos representativos del partido en el marco de la provincia, también existen agrupaciones locales y municipales cuya función es elaborar las políticas y elegir los equipos a sus niveles respectivos. En otras palabras, el PSOE jamás ha aprobado documento alguno imponiendo el centralismo democrático de ominosa tradición comunista, que establece una clara jerarquía cuasi-militar en la que los órganos superiores marcan la pauta a seguir y los órganos inferiores (incluyendo a los militantes) se limitan a seguir las órdenes. Sencillamente, ése no es el Partido en que creemos los socialistas, aunque algunos parezcan conservar cierto tufillo marxistoide de su época de flirteos revolucionarios en la Joven Guardia Roja.
Se dice, se cuenta, se afirma sin rubor alguno tanto por los pasillos como por los medios de comunicación que el Provincial tiene el derecho a decidir quién pueda ser portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Sevilla. No, mire usted, no. No sé si se habrá dado cuenta de lo que el nombre del cargo en sí indica, pero resulta que este portavoz no representa al PSOE de la provincia de Sevilla, sino al Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Sevilla. ¿En qué lógica base usted la propuesta de que se le pueda nombrar a dedo desde la sede provincial sin que el propio Grupo Municipal Socialista ni todas y cada unas de las agrupaciones locales de la capital tengan nada que decir al respecto? ¿Acaso no representa ese portavoz a los votantes socialistas en la capital? ¿Cómo puede concebirse que ni los militantes del PSOE de la capital ni los votantes socialistas de la misma circunscripción tengan derecho a decidir al respecto, mientras que un militante del PSOE de Coria es quien se encarga de nombrarle a dedo? ¿En qué cabeza cabe esto? ¿Tenemos clara la diferencia entre partido e instituciones? ¿Sabemos distinguir representación orgánica de representación ciudadana? Al parecer no.
En todo caso, a mí lo que más me preocupa es que ni unos acepten el hecho de que la mayoría de militantes socialistas ha votado por Viera en el reciente Congreso Provincial ni tampoco los otros admitan que la mayoría de militantes socialistas de la capital hayan optado por otra línea. En fin, que la conciencia democrática brilla por su ausencia, sobre todo en lo que hace al respeto por la discrepancia de pareceres. Pero aún más preocupante creo que es el desprecio que se muestra por la representatividad ciudadana o la extremada confusión en que se cae continuamente entre los ámbitos orgánicos del partido y las instituciones democráticas. Sencillamente, no podemos justificar una partitocracia en la que los aparatos internos de los partidos hacen y deshacen en las instituciones como les viene en gana. Ya va siendo hora de que unos y otros se sienten a hablar y lleguen a un acuerdo sobre las líneas maestras de la estrategia socialista en el Ayuntamiento de Sevilla durante los próximos años. De lo contrario, mucho me temo que perdemos en 2011. O, aún peor, profundizamos en el sentimiento de apatía que embarga ya a muchos sevillanos y sevillanas, viendo como ven tan a las claras que hasta el portavoz de su grupo municipal o el mismísimo candidato a Alcalde no se elige al nivel que debiera, sino que se deja al albur de cargos internos de los partidos sobre los que, obviamente, el votante no tiene ni voz ni voto. La partitocracia llevada a su extremo. La desilusión de los ciudadanos con respecto a las instituciones, los partidos y los políticos, igualmente llevada a un extremo.
Pero ahí no ha quedado la cosa. El despropósito hay ido mucho más allá. Además de eliminar a todo aquel que haya cometido el error de posicionarse donde buenamente ha creído conveniente -como se supone que debemos hacer todos en una democracia- también se ha lanzado una operación contra el PSOE de la capital y el Ayuntamiento para obligarles a que sigan a pies juntillas lo que se indique desde el Provincial. Parece que, una vez más, se está confundiendo ganar un congreso con un "ordeno y mando" que todos pensábamos había quedado ya enterrado y bien enterrado. A tal punto ha llegado el descontrol que hasta Chaves ha tenido que hacer unas declaraciones advirtiendo sobre los problemas que nos pueden acarrear tanta rencilla interna.
A ver si podemos entendernos. El Congreso Provincial lo ha ganado clarísimamente el llamado sector oficialista, liderado por José Antonio Viera. De eso no cabe la menor duda y no queda más remedio que aceptarlo democráticamente, se piense lo que se piense de la forma en que se ha ganado o, más importante aún, del hecho de que ni siquiera se dio la posibilidad a que hubiera una opción alternativa. Esto quiere decir que la política del Partido Socialista en lo que respecta a la provincia de Sevilla queda en manos del nuevo Comité Ejecutivo y su Comisión Ejecutiva Provincial. Ahora bien, quede claro que estamos hablando de la política socialista con respecto a la provincia, y no con respecto a todos y cada uno de sus pueblos y capitales. Que yo sepa, de la misma manera que hay un Congreso Provincial encargado de establecer las políticas a dicho nivel administrativo, así como de elegir los órganos representativos del partido en el marco de la provincia, también existen agrupaciones locales y municipales cuya función es elaborar las políticas y elegir los equipos a sus niveles respectivos. En otras palabras, el PSOE jamás ha aprobado documento alguno imponiendo el centralismo democrático de ominosa tradición comunista, que establece una clara jerarquía cuasi-militar en la que los órganos superiores marcan la pauta a seguir y los órganos inferiores (incluyendo a los militantes) se limitan a seguir las órdenes. Sencillamente, ése no es el Partido en que creemos los socialistas, aunque algunos parezcan conservar cierto tufillo marxistoide de su época de flirteos revolucionarios en la Joven Guardia Roja.
Se dice, se cuenta, se afirma sin rubor alguno tanto por los pasillos como por los medios de comunicación que el Provincial tiene el derecho a decidir quién pueda ser portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Sevilla. No, mire usted, no. No sé si se habrá dado cuenta de lo que el nombre del cargo en sí indica, pero resulta que este portavoz no representa al PSOE de la provincia de Sevilla, sino al Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Sevilla. ¿En qué lógica base usted la propuesta de que se le pueda nombrar a dedo desde la sede provincial sin que el propio Grupo Municipal Socialista ni todas y cada unas de las agrupaciones locales de la capital tengan nada que decir al respecto? ¿Acaso no representa ese portavoz a los votantes socialistas en la capital? ¿Cómo puede concebirse que ni los militantes del PSOE de la capital ni los votantes socialistas de la misma circunscripción tengan derecho a decidir al respecto, mientras que un militante del PSOE de Coria es quien se encarga de nombrarle a dedo? ¿En qué cabeza cabe esto? ¿Tenemos clara la diferencia entre partido e instituciones? ¿Sabemos distinguir representación orgánica de representación ciudadana? Al parecer no.
En todo caso, a mí lo que más me preocupa es que ni unos acepten el hecho de que la mayoría de militantes socialistas ha votado por Viera en el reciente Congreso Provincial ni tampoco los otros admitan que la mayoría de militantes socialistas de la capital hayan optado por otra línea. En fin, que la conciencia democrática brilla por su ausencia, sobre todo en lo que hace al respeto por la discrepancia de pareceres. Pero aún más preocupante creo que es el desprecio que se muestra por la representatividad ciudadana o la extremada confusión en que se cae continuamente entre los ámbitos orgánicos del partido y las instituciones democráticas. Sencillamente, no podemos justificar una partitocracia en la que los aparatos internos de los partidos hacen y deshacen en las instituciones como les viene en gana. Ya va siendo hora de que unos y otros se sienten a hablar y lleguen a un acuerdo sobre las líneas maestras de la estrategia socialista en el Ayuntamiento de Sevilla durante los próximos años. De lo contrario, mucho me temo que perdemos en 2011. O, aún peor, profundizamos en el sentimiento de apatía que embarga ya a muchos sevillanos y sevillanas, viendo como ven tan a las claras que hasta el portavoz de su grupo municipal o el mismísimo candidato a Alcalde no se elige al nivel que debiera, sino que se deja al albur de cargos internos de los partidos sobre los que, obviamente, el votante no tiene ni voz ni voto. La partitocracia llevada a su extremo. La desilusión de los ciudadanos con respecto a las instituciones, los partidos y los políticos, igualmente llevada a un extremo.
30 de julio de 2008
Conclusiones del periodo congresual.
Terminado ya el periodo congresual del PSOE, merece la pena detenerse a hacer cuentas y ver qué nos ha deparado. Comencemos por el 37 Congreso Federal (los documentos aprobados en este Congreso pueden bajarse de este enlace), que es precisamente el que más satisfecho me ha dejado. Las resoluciones aprobadas renuevan el contenido ideológico y programático del partido, poniéndolo al día con los cambios que se han venido experimentando en los dos últimas décadas. El documento gira en torno a los avances que se están produciendo en las sociedades avanzadas y que están llevando a una progresiva profundización de las libertades individuales, fenómeno que las políticas socialistas y socialdemócratas están acompañando y potenciando desde los gobiernos mediante la aplicación de políticas que contribuyen a expandir los derechos individuales. Propuestas como la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia o la legalización del matrimonio para las personas del mismo sexo se enmarcan precisamente en este contexto. Otras propuestas incluidas en las resoluciones me parecen igualmente válidas para un política de progreso en el ámbito de nuestras sociedades post-industriales: la defensa de un Estado dinámico pero no burocratizado ni excesivamente intervencionista, la visión global de las políticas que se aplican incluso a nivel nacional, la importancia de integrar a los inmigrantes evitando la construcción de una fortaleza que impida cualquier tipo de contacto a través de las fronteras, la flexiseguridad como respuesta a los problemas planteados por la globalización y la competencia de los países en vías de desarrollo, la vital importancia de construir una economía sostenible que no contribuya a empeorar los problemas medioambientales que ya tenemos planteados, etc. Pero la parte que más me ilusiona del documento es la dedicada al nuevo modelo de partido para esta nueva sociedad de la que venimos hablando. Se trata de construir un partido mucho más conectado con el ciudadano de a pie, más abierto a la sociedad, volcado en la gestión de los asuntos públicos y el servicio a los ciudadanos. Para ello, propone cambiar la estructura orgánica del partido para amoldarse a las divisiones administrativas dentro de las grandes capitales mediante la creación de Agrupaciones de Distrito (en estos momentos sucede a menudo que las Agrupaciones Locales del partido se solapan con los distritos municipales), la creación de Agrupaciones Municipales en las capitales de provincias y grandes ciudades, la creación de la figure del coordinador de Sección Electoral para establecer vínculos de contacto con los ciudadanos, etc. Eso sí, habrá que esperar a que todas estas ideas se concreten en las respectivas conferencias políticas. No tendría nada de extraño que las instancias provinciales del partido lograran recortar el enorme componente transformador contenido en estas medidas en un desesperado intento de preservar sus propias cotas de poder. Sería una pena, pues perderíamos una oportunidad de oro para adaptarnos a los cambios que está experimentando la sociedad española en estos momentos, antes de que sea demasiado tarde y tengamos que actuar con retraso.
Por lo que hace al 11 Congreso Regional del PSOE-A, ya escribí en su momento (aquí) que afortunadamente se había dado marcha atrás en lo que respecta a las referencias (en mi opinión excesivas) a Blas Infante y el andalucismo como elemento primordial del socialismo andaluz. Sencillamente, el socialismo es universalista o no es socialismo. No es necesario renunciar al amor por la tierra de uno para postular unos valores universales y humanistas como los que siempre caracterizaron al socialismo democrático. Pero es que, además, por si esto fuera poco, el PSOE-A puede sentir el legítimo orgullo de haber protagonizado el mayor avance político, social y económico de los últimos siglos en la historia de Andalucía, algo que no pueden decir ni siquiera quienes se califican a sí mismos de "andalucistas" o "nacionalistas andaluces". Seamos claros: los andaluces no se sienten identificados con un concepto chato y egoísta de nación como el que parece tener mucho más éxito en otros lugares. En nuestra tierra, la amplia mayoría de la gente no tiene problema alguno sintiéndose profundamente andaluz y, al mismo tiempo, español, europeo e incluso, si me apuran, hasta universal. El hecho de que los andalucistas hayan quedado relegados a malvivir como fuerza extraparlamentaria tras las recientes elecciones autonómicas no es precisamente accidental. De ahí que me parezca erróneo el apostar a caballo perdedor e intentar apoderarse ahora de la marca andalucista. En todo caso, el 11 Congreso Regional ha pasado, creo, sin pena ni gloria. Se trató, claramente, de un congreso de continuidad. Chaves es mucho Chaves. Nadie se atreve a poner en cuestión al Secretario General que nos ha llevado a triunfar en las urnas desde 1990 sin interrupción. Y, sin embargo, debiera ser bien evidente que nos encontramos en una situación de claro impasse. Ni aparecen caras nuevas que logren ilusionar a los votantes, ni tampoco puede decirse que prevalezcan las ideas transformadoras en el seno del PSOE-A en estos momentos.
Finalmente, tenemos el Congreso Ordinario Provincial del PSOE de Sevilla. Ya escribí en su momento sobre la decisión de Demetrio Pérez de retirar su candidatura a la Secretaría General, y tengo bien poco que añadir. Si acaso, el hecho de que las disputas internas en el seno del PSOE de Sevilla (a diferencia de las que se producen a nivel federal o regional) siempre han estado limitadas a meras cuestiones de poder. Cierto, la política siempre revuelve en torno al poder, pero al menos en otras instancias se hace un esfuerzo por elaborar las líneas generales de un proyecto político. A nivel provincial (por lo menos en lo que hace a Sevilla), todo se limita a la más descarnada disputa por el poder puro y duro. Casi se diría que la mediocridad llega a tal nivel que a nadie se le ocurre siquiera la posibilidad de elaborar un programa mínimo que logre aglutinar a un grupo de personas. Las consecuencias, como es lógico, son fáciles de prever: sin nada que cohesione al grupo, cada miembro se entrega enseguida a una auténtica orgía de conspiraciones, disputas personales y puñaladas por la espalda. Estoy convencido de que esto no cambiará hasta que seamos capaces de poner en pie cuando menos un esqueleto de programa socialista para la provincia de Sevilla.
Por lo que hace al 11 Congreso Regional del PSOE-A, ya escribí en su momento (aquí) que afortunadamente se había dado marcha atrás en lo que respecta a las referencias (en mi opinión excesivas) a Blas Infante y el andalucismo como elemento primordial del socialismo andaluz. Sencillamente, el socialismo es universalista o no es socialismo. No es necesario renunciar al amor por la tierra de uno para postular unos valores universales y humanistas como los que siempre caracterizaron al socialismo democrático. Pero es que, además, por si esto fuera poco, el PSOE-A puede sentir el legítimo orgullo de haber protagonizado el mayor avance político, social y económico de los últimos siglos en la historia de Andalucía, algo que no pueden decir ni siquiera quienes se califican a sí mismos de "andalucistas" o "nacionalistas andaluces". Seamos claros: los andaluces no se sienten identificados con un concepto chato y egoísta de nación como el que parece tener mucho más éxito en otros lugares. En nuestra tierra, la amplia mayoría de la gente no tiene problema alguno sintiéndose profundamente andaluz y, al mismo tiempo, español, europeo e incluso, si me apuran, hasta universal. El hecho de que los andalucistas hayan quedado relegados a malvivir como fuerza extraparlamentaria tras las recientes elecciones autonómicas no es precisamente accidental. De ahí que me parezca erróneo el apostar a caballo perdedor e intentar apoderarse ahora de la marca andalucista. En todo caso, el 11 Congreso Regional ha pasado, creo, sin pena ni gloria. Se trató, claramente, de un congreso de continuidad. Chaves es mucho Chaves. Nadie se atreve a poner en cuestión al Secretario General que nos ha llevado a triunfar en las urnas desde 1990 sin interrupción. Y, sin embargo, debiera ser bien evidente que nos encontramos en una situación de claro impasse. Ni aparecen caras nuevas que logren ilusionar a los votantes, ni tampoco puede decirse que prevalezcan las ideas transformadoras en el seno del PSOE-A en estos momentos.
Finalmente, tenemos el Congreso Ordinario Provincial del PSOE de Sevilla. Ya escribí en su momento sobre la decisión de Demetrio Pérez de retirar su candidatura a la Secretaría General, y tengo bien poco que añadir. Si acaso, el hecho de que las disputas internas en el seno del PSOE de Sevilla (a diferencia de las que se producen a nivel federal o regional) siempre han estado limitadas a meras cuestiones de poder. Cierto, la política siempre revuelve en torno al poder, pero al menos en otras instancias se hace un esfuerzo por elaborar las líneas generales de un proyecto político. A nivel provincial (por lo menos en lo que hace a Sevilla), todo se limita a la más descarnada disputa por el poder puro y duro. Casi se diría que la mediocridad llega a tal nivel que a nadie se le ocurre siquiera la posibilidad de elaborar un programa mínimo que logre aglutinar a un grupo de personas. Las consecuencias, como es lógico, son fáciles de prever: sin nada que cohesione al grupo, cada miembro se entrega enseguida a una auténtica orgía de conspiraciones, disputas personales y puñaladas por la espalda. Estoy convencido de que esto no cambiará hasta que seamos capaces de poner en pie cuando menos un esqueleto de programa socialista para la provincia de Sevilla.
18 de julio de 2008
Demetrio Pérez retira su candidatura.
Hoy debería ser un día triste para los militantes del PSOE en la provincia de Sevilla. Demetrio Pérez ha anunciado que retira su candidatura a la Secretaría General apenas 24 horas antes de iniciarse el Congreso Provincial (ver la noticia publicada en Diario de Sevilla aquí). En principio, no faltará quien analice la noticia con el espíritu cínico que viene caracterizando a tantos de nuestros políticos y concluya que únicamente supone un mazazo para quienes decidieron apoyarle frente a José Antonio Viera (o, para expresarlo en otros términos no tan cínicos, para quienes osaron soñar con la posibilidad de una candidatura alternativa que pudiera ofrecer una opción democrática a los delegados al Congreso). Porque, a fin de cuentas, ése es precisamente el problema que tenemos planteado. De una u otra manera, debido a las triquiñuelas y amenazas ni siquiera veladas de unos y las obvias limitaciones de otros, el caso es que nos dirigimos hacia un congreso al estilo de los que realizaban los antiguos partidos comunistas de la Europa del Este. No sé lo que pensarán otros al respecto, pero para mí es una auténtica vergüenza. Se mire como se mire, la cruda realidad es que los delegados al Congreso no van a tener más remedio que votar a favor o en contra de una única candidatura, y todos sabemos las presiones que siempre existen para dificultar el voto negativo en unas circunstancias como éstas. Se nos suele explicar, y con razón, que votar a una candidatura alternativa es menos peligroso que votar en contra de una candidatura única, en el sentido de que muestra bien a las claras una división interna mucho mayor. Al fin y al cabo, el voto entre dos candidaturas enfrentadas es materia de opción personal, en tanto que atreverse a votar contra la candidatura única (sobre todo teniendo en cuenta la presión ambiental que suele vivirse en este tipo de circunstancias) deja bien a las claras una oposición tan radical a la Ejecutiva que uno se atreve incluso a poner en peligro los parabienes del bando ganador, con lo que ello implica (desgraciadamente) de inestabilidad laboral para todos aquellos que trabajan en la Adminitración. Pues bien, si tan peligroso es, ¿por qué no se hace todo lo posible porque los delegados tengan varias candidaturas entre las que elegir?
Y es que, desgraciadamente, todo esto no es sino un baile de despropósitos. En primer lugar, nadie parece haberse dado cuenta de que la democracia española ha madurado muchísimo en la última década. Vimos un cambio de gobierno de la derecha a la izquierda a principios de los ochenta, otro en sentido contrario a mediados de los noventa y, finalmente, una vuelta a la izquierda en circunstancias tan difíciles como las que siguieron al atentado terrorista en la estación de Atocha. Y, sin embargo, la democracia española ha salido fortalecida de todo esto. En especial, las nuevas generaciones no conocen otra cosa que un régimen democrático y se preguntan con creciente frecuencia hasta qué punto podemos tener una democracia sólida y sana si los partidos políticos son un nido de víboras donde no se impone quien mejor representa los intereses y las ideas de los ciudadanos que simpatizan con su particular opción política, sino quienes mejor saben desenvolverse en un contexto de luchas fratricidas, boicoteos permanentes y puñaladas por la espalda, todo ello sin que los militantes de base tengan realmente nada que ver en el asunto. Nuestros partidos políticos hoy en día no son sino el reino de la mediocridad y, en muchas ocasiones, una cueva de aprovechados incapaces de ganarse la vida por su cuenta (no me refiero, por supuesto, a la amplia mayoría de los militantes, sino a quienes realmente cortan el bacalao, sobre todo en los llamados cuadros medios, que es precisamente donde radica el problema y se perpetua la mediocridad de la que aquí hablo).
Pero es que, además, incluso quienes se atreven a proponer una candidatura alternativa en algunas ocasiones (en este caso, Demetrio Pérez) acaban aceptando la validez de los argumentos de quienes hacen todo lo posible por erradicar cualquier brote de democracia interna y renovación. ¿Cómo entender, si no, ese llamamiento de Demetrio a apoyar a la candidatura única en nombre de la "responsabilidad"? ¿De qué responsabilidad hablamos? ¿De la que nos conmina a garantizar la supervivencia a perpetuidad de una organización que, al menos en su estructura interna actual, no representa para nada los anhelos de los ciudadanos, sino más bien los intereses materiales de quienes han hecho de la política su modo de vida? Quizá debiéramos preguntarnos en ocasiones como ésta por qué quienes militamos en los partidos políticos nos quejamos tan a menudo de la falta de implicación política de la sociedad. ¿Qué hacemos nosotros para solucionar eso más allá de discursos vacíos y palabras fáciles? ¿Cómo demostramos a los ciudadanos que merece la pena dedicar sus esfuerzos a una organización política? ¿Asegurándonos de que pueden elegir delegados a un Congreso donde ni siquiera habrá dos candidaturas entre las que poder elegir? ¿De verdad pensamos que estos son los partidos políticos del siglo XXI?
De hecho, no tenemos más que mirar a la historia reciente de nuestro propio partido para responder todas estas preguntas que planteo aquí. Si no hubiera sido posible permitir a los militantes socialistas elegir libremente entre varios candidatos en el XXXV Congreso Federal, ¿alguien piensa que ahora tendríamos a Zapatero de Secretario General? ¿Y qué hubiera sido del partido entonces? ¿Acaso podemos asegurar que hubiéramos sido capaz de renovarnos lo suficiente como para volver a ganar las elecciones? Las respuestas a estas preguntas me parecen obvias, como obvio me parece también el hecho de que la democracia dificulta ciertamente las cosas y genera bastante descontrol e inseguridad, pero a fin de cuentas se trata del único sistema político que permite la regeneración sin revolución. Me parece que ha llegado el momento de tomarnos en serio nuestras propias palabras, algo en lo que hemos fallado hoy en el PSOE de Sevilla. Como decía al principio, este es un día bien triste.
Y es que, desgraciadamente, todo esto no es sino un baile de despropósitos. En primer lugar, nadie parece haberse dado cuenta de que la democracia española ha madurado muchísimo en la última década. Vimos un cambio de gobierno de la derecha a la izquierda a principios de los ochenta, otro en sentido contrario a mediados de los noventa y, finalmente, una vuelta a la izquierda en circunstancias tan difíciles como las que siguieron al atentado terrorista en la estación de Atocha. Y, sin embargo, la democracia española ha salido fortalecida de todo esto. En especial, las nuevas generaciones no conocen otra cosa que un régimen democrático y se preguntan con creciente frecuencia hasta qué punto podemos tener una democracia sólida y sana si los partidos políticos son un nido de víboras donde no se impone quien mejor representa los intereses y las ideas de los ciudadanos que simpatizan con su particular opción política, sino quienes mejor saben desenvolverse en un contexto de luchas fratricidas, boicoteos permanentes y puñaladas por la espalda, todo ello sin que los militantes de base tengan realmente nada que ver en el asunto. Nuestros partidos políticos hoy en día no son sino el reino de la mediocridad y, en muchas ocasiones, una cueva de aprovechados incapaces de ganarse la vida por su cuenta (no me refiero, por supuesto, a la amplia mayoría de los militantes, sino a quienes realmente cortan el bacalao, sobre todo en los llamados cuadros medios, que es precisamente donde radica el problema y se perpetua la mediocridad de la que aquí hablo).
Pero es que, además, incluso quienes se atreven a proponer una candidatura alternativa en algunas ocasiones (en este caso, Demetrio Pérez) acaban aceptando la validez de los argumentos de quienes hacen todo lo posible por erradicar cualquier brote de democracia interna y renovación. ¿Cómo entender, si no, ese llamamiento de Demetrio a apoyar a la candidatura única en nombre de la "responsabilidad"? ¿De qué responsabilidad hablamos? ¿De la que nos conmina a garantizar la supervivencia a perpetuidad de una organización que, al menos en su estructura interna actual, no representa para nada los anhelos de los ciudadanos, sino más bien los intereses materiales de quienes han hecho de la política su modo de vida? Quizá debiéramos preguntarnos en ocasiones como ésta por qué quienes militamos en los partidos políticos nos quejamos tan a menudo de la falta de implicación política de la sociedad. ¿Qué hacemos nosotros para solucionar eso más allá de discursos vacíos y palabras fáciles? ¿Cómo demostramos a los ciudadanos que merece la pena dedicar sus esfuerzos a una organización política? ¿Asegurándonos de que pueden elegir delegados a un Congreso donde ni siquiera habrá dos candidaturas entre las que poder elegir? ¿De verdad pensamos que estos son los partidos políticos del siglo XXI?
De hecho, no tenemos más que mirar a la historia reciente de nuestro propio partido para responder todas estas preguntas que planteo aquí. Si no hubiera sido posible permitir a los militantes socialistas elegir libremente entre varios candidatos en el XXXV Congreso Federal, ¿alguien piensa que ahora tendríamos a Zapatero de Secretario General? ¿Y qué hubiera sido del partido entonces? ¿Acaso podemos asegurar que hubiéramos sido capaz de renovarnos lo suficiente como para volver a ganar las elecciones? Las respuestas a estas preguntas me parecen obvias, como obvio me parece también el hecho de que la democracia dificulta ciertamente las cosas y genera bastante descontrol e inseguridad, pero a fin de cuentas se trata del único sistema político que permite la regeneración sin revolución. Me parece que ha llegado el momento de tomarnos en serio nuestras propias palabras, algo en lo que hemos fallado hoy en el PSOE de Sevilla. Como decía al principio, este es un día bien triste.
11 de julio de 2008
Eliminación de la mención a Blas Infante como "principal referencia" del socialismo andaluz.
Un buen amigo (y compañero del PSOE) me ha enviado el enlace a un artículo publicado por El País en el que se informa que los socialistas andaluces han decidido eliminar la mención de la Ponencia Marco para el 11º Congreso Regional en el que se hablaba de Blas Infante como "referencia principal" del PSOE-A. Como ya escribí en su momento, la enmienda me parecía necesaria. Bien está concebir a Blas Infante como una más entre otras referencias políticas del socialismo andaluz, pero de ahí a considerarle la "referencia principal" media un abismo. En cualquier caso, la redacción definitiva que se presentará al Congreso me parece mucho más sensata:
Completamente de acuerdo.
Si por andalucismo se entiende haber llevado a buen puerto muchos de los sueños que tuvieron para Andalucía personalidades que para nosotros son una referencia, como Blas Infante, no hay nada más andalucista que el Partido Socialista de Andalucía.
Completamente de acuerdo.
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29 de junio de 2008
Elección de cargos dirigentes mediante el sufragio directo de los militantes.
Continuemos con las propuestas constructivas para profundizar la democracia interna en el Partido Socialista. Cualquiera que conozca la realidad orgánica de nuestro partido sabe que la dirección provincial suele ver al Secretario General y al Secretario de Organización de las Agrupaciones Locales como los garantes del apoyo de sus bases llegado el momento de elegir una nueva Ejecutiva. En otras palabras, en lugar de trabajarse directamente el apoyo de los militantes de base, quienes aspiran a hacerse con el poder a nivel provincial solamente prestan atención a los secretarios generales y de organización de cada Agrupación Local. Como puede suponerse, esto no es accidental y tampoco puede decirse que sea poco razonable. Más bien al contrario, se trata de una consecuencia inevitable del modelo de democracia indirecta, de representación delegada y a menudo mediatizada, que marcan nuestros Estatutos. Si partimos de la triste realidad de unas Agrupaciones Locales donde el debate auténtico brilla por su ausencia y las asambleas no hacen casi sino rubicar prácticamente cualquier cosa que se les presente desde sus respectivos comités ejecutivos sin que se produzca discusión alguna sobre los temas a tratar, tiene bien poco de extraño que sucedan estas cosas. En definitiva, la tan cacareada democracia interna (que, sin lugar a duda se mantiene al menos en sus aspectos formales) acaba siendo viciada debido a las distorsiones introducidas por un sistema que favorece la estabilidad de los cuadros intermedios a costa de menguar las cuotas de poder que deberían corresponder legítimamente a los militantes de base. En este sentido, periódicamente se dejan oír comentarios a favor de la democratización del partido y la potenciación de la figura del militante desde los sectores que suelen autodenominarse como críticos, pero que raramente cumplen sus promesas cuando aciertan a reemplazar a los oficialistas en las ejecutivas territoriales. O, lo que es lo mismo, que la defensa de la democratización de las estructuras orgánicas no suele ser sino un mero recurso retórico para criticar a quienes se encuentran en la dirección, pero raramente tiene expresión en medidas concretas, detalladas y factibles que puedan llevarse a la práctica.
Pues bien, me propongo aquí esbozar una alternativa que nos permita salir de este eterno impasse. No se trata de defender programas utópicos e irrealizables, sino de aplicar aquello que ya se ha demostrado como perfectamente factible en otros lugares. Me refiero, en concreto, a la elección de los cargos dirigentes mediante el sufragio universal, directo y secreto de todos los militantes, algo tan factible que hasta ERC lo ha llevado recientemente a la práctica. Una medida como esta tendría automáticamente varias consecuencias que me parecen enormemente positivas: en primer lugar, marcaría distancias entre los socialistas y otros partidos políticos españoles, señalándonos una vez más como pioneros en lo que respecta a la aplicación de medidas democratizadoras y aperturistas; segundo, dejaría bien claro que los socialistas tenemos la sincera intención de abrirnos a la sociedad y operar con completa transparencia, apostando incluso por medidas que pudieran parecer arriesgadas desde la perspectiva de quien ostenta el poder orgánico en un momento determinado y está dispuesto a aceptar la decisión mayoritaria de los militantes; y, finalmente, obligaría a quienes se postulan como candidatos a dirigir el partido a presentar su proyecto ante todos los militantes y hacer campaña de forma activa por las agrupaciones locales, entrando en contacto con todos y cada uno de los afiliados, en lugar de limitarse a conspirar con quienes supuestamente dominan los votos de los delegados que pueden garantizar una elección segura. Por si todo esto fuera poco, el sistema que aquí propongo conllevaría también la desaparición de un peligro siempre presente en la realidad cotidiana de nuestros partidos políticos: el trapicheo de favores a cambio del voto en los congresos. Una vez eliminada la figura del cacique local que garantiza los votos necesarios para ganar la carrera hacia la ejecutiva, también se elimina de una misma tacada este otro problema.
¿Que mi propuesta supone romper con el pasado? Cierto. ¿Que la elección directa que aquí defiendo es una apueta arriesgada? Sin duda. Y, sin embargo, ¿acaso una política progresista y de cambio no consiste precisamente en eso? ¿Hasta tal punto hemos olvidado nuestros principios que no nos atrevemos a proponer nada que pueda parecer distinto e innovador? Me gustaría pensar que no es el caso.
Pues bien, me propongo aquí esbozar una alternativa que nos permita salir de este eterno impasse. No se trata de defender programas utópicos e irrealizables, sino de aplicar aquello que ya se ha demostrado como perfectamente factible en otros lugares. Me refiero, en concreto, a la elección de los cargos dirigentes mediante el sufragio universal, directo y secreto de todos los militantes, algo tan factible que hasta ERC lo ha llevado recientemente a la práctica. Una medida como esta tendría automáticamente varias consecuencias que me parecen enormemente positivas: en primer lugar, marcaría distancias entre los socialistas y otros partidos políticos españoles, señalándonos una vez más como pioneros en lo que respecta a la aplicación de medidas democratizadoras y aperturistas; segundo, dejaría bien claro que los socialistas tenemos la sincera intención de abrirnos a la sociedad y operar con completa transparencia, apostando incluso por medidas que pudieran parecer arriesgadas desde la perspectiva de quien ostenta el poder orgánico en un momento determinado y está dispuesto a aceptar la decisión mayoritaria de los militantes; y, finalmente, obligaría a quienes se postulan como candidatos a dirigir el partido a presentar su proyecto ante todos los militantes y hacer campaña de forma activa por las agrupaciones locales, entrando en contacto con todos y cada uno de los afiliados, en lugar de limitarse a conspirar con quienes supuestamente dominan los votos de los delegados que pueden garantizar una elección segura. Por si todo esto fuera poco, el sistema que aquí propongo conllevaría también la desaparición de un peligro siempre presente en la realidad cotidiana de nuestros partidos políticos: el trapicheo de favores a cambio del voto en los congresos. Una vez eliminada la figura del cacique local que garantiza los votos necesarios para ganar la carrera hacia la ejecutiva, también se elimina de una misma tacada este otro problema.
¿Que mi propuesta supone romper con el pasado? Cierto. ¿Que la elección directa que aquí defiendo es una apueta arriesgada? Sin duda. Y, sin embargo, ¿acaso una política progresista y de cambio no consiste precisamente en eso? ¿Hasta tal punto hemos olvidado nuestros principios que no nos atrevemos a proponer nada que pueda parecer distinto e innovador? Me gustaría pensar que no es el caso.
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