Terminado ya el periodo congresual del PSOE, merece la pena detenerse a hacer cuentas y ver qué nos ha deparado. Comencemos por el 37 Congreso Federal (los documentos aprobados en este Congreso pueden bajarse de este enlace), que es precisamente el que más satisfecho me ha dejado. Las resoluciones aprobadas renuevan el contenido ideológico y programático del partido, poniéndolo al día con los cambios que se han venido experimentando en los dos últimas décadas. El documento gira en torno a los avances que se están produciendo en las sociedades avanzadas y que están llevando a una progresiva profundización de las libertades individuales, fenómeno que las políticas socialistas y socialdemócratas están acompañando y potenciando desde los gobiernos mediante la aplicación de políticas que contribuyen a expandir los derechos individuales. Propuestas como la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia o la legalización del matrimonio para las personas del mismo sexo se enmarcan precisamente en este contexto. Otras propuestas incluidas en las resoluciones me parecen igualmente válidas para un política de progreso en el ámbito de nuestras sociedades post-industriales: la defensa de un Estado dinámico pero no burocratizado ni excesivamente intervencionista, la visión global de las políticas que se aplican incluso a nivel nacional, la importancia de integrar a los inmigrantes evitando la construcción de una fortaleza que impida cualquier tipo de contacto a través de las fronteras, la flexiseguridad como respuesta a los problemas planteados por la globalización y la competencia de los países en vías de desarrollo, la vital importancia de construir una economía sostenible que no contribuya a empeorar los problemas medioambientales que ya tenemos planteados, etc. Pero la parte que más me ilusiona del documento es la dedicada al nuevo modelo de partido para esta nueva sociedad de la que venimos hablando. Se trata de construir un partido mucho más conectado con el ciudadano de a pie, más abierto a la sociedad, volcado en la gestión de los asuntos públicos y el servicio a los ciudadanos. Para ello, propone cambiar la estructura orgánica del partido para amoldarse a las divisiones administrativas dentro de las grandes capitales mediante la creación de Agrupaciones de Distrito (en estos momentos sucede a menudo que las Agrupaciones Locales del partido se solapan con los distritos municipales), la creación de Agrupaciones Municipales en las capitales de provincias y grandes ciudades, la creación de la figure del coordinador de Sección Electoral para establecer vínculos de contacto con los ciudadanos, etc. Eso sí, habrá que esperar a que todas estas ideas se concreten en las respectivas conferencias políticas. No tendría nada de extraño que las instancias provinciales del partido lograran recortar el enorme componente transformador contenido en estas medidas en un desesperado intento de preservar sus propias cotas de poder. Sería una pena, pues perderíamos una oportunidad de oro para adaptarnos a los cambios que está experimentando la sociedad española en estos momentos, antes de que sea demasiado tarde y tengamos que actuar con retraso.
Por lo que hace al 11 Congreso Regional del PSOE-A, ya escribí en su momento (aquí) que afortunadamente se había dado marcha atrás en lo que respecta a las referencias (en mi opinión excesivas) a Blas Infante y el andalucismo como elemento primordial del socialismo andaluz. Sencillamente, el socialismo es universalista o no es socialismo. No es necesario renunciar al amor por la tierra de uno para postular unos valores universales y humanistas como los que siempre caracterizaron al socialismo democrático. Pero es que, además, por si esto fuera poco, el PSOE-A puede sentir el legítimo orgullo de haber protagonizado el mayor avance político, social y económico de los últimos siglos en la historia de Andalucía, algo que no pueden decir ni siquiera quienes se califican a sí mismos de "andalucistas" o "nacionalistas andaluces". Seamos claros: los andaluces no se sienten identificados con un concepto chato y egoísta de nación como el que parece tener mucho más éxito en otros lugares. En nuestra tierra, la amplia mayoría de la gente no tiene problema alguno sintiéndose profundamente andaluz y, al mismo tiempo, español, europeo e incluso, si me apuran, hasta universal. El hecho de que los andalucistas hayan quedado relegados a malvivir como fuerza extraparlamentaria tras las recientes elecciones autonómicas no es precisamente accidental. De ahí que me parezca erróneo el apostar a caballo perdedor e intentar apoderarse ahora de la marca andalucista. En todo caso, el 11 Congreso Regional ha pasado, creo, sin pena ni gloria. Se trató, claramente, de un congreso de continuidad. Chaves es mucho Chaves. Nadie se atreve a poner en cuestión al Secretario General que nos ha llevado a triunfar en las urnas desde 1990 sin interrupción. Y, sin embargo, debiera ser bien evidente que nos encontramos en una situación de claro impasse. Ni aparecen caras nuevas que logren ilusionar a los votantes, ni tampoco puede decirse que prevalezcan las ideas transformadoras en el seno del PSOE-A en estos momentos.
Finalmente, tenemos el Congreso Ordinario Provincial del PSOE de Sevilla. Ya escribí en su momento sobre la decisión de Demetrio Pérez de retirar su candidatura a la Secretaría General, y tengo bien poco que añadir. Si acaso, el hecho de que las disputas internas en el seno del PSOE de Sevilla (a diferencia de las que se producen a nivel federal o regional) siempre han estado limitadas a meras cuestiones de poder. Cierto, la política siempre revuelve en torno al poder, pero al menos en otras instancias se hace un esfuerzo por elaborar las líneas generales de un proyecto político. A nivel provincial (por lo menos en lo que hace a Sevilla), todo se limita a la más descarnada disputa por el poder puro y duro. Casi se diría que la mediocridad llega a tal nivel que a nadie se le ocurre siquiera la posibilidad de elaborar un programa mínimo que logre aglutinar a un grupo de personas. Las consecuencias, como es lógico, son fáciles de prever: sin nada que cohesione al grupo, cada miembro se entrega enseguida a una auténtica orgía de conspiraciones, disputas personales y puñaladas por la espalda. Estoy convencido de que esto no cambiará hasta que seamos capaces de poner en pie cuando menos un esqueleto de programa socialista para la provincia de Sevilla.
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30 de julio de 2008
21 de junio de 2008
Algunas propuestas constructivas para mejorar el debate congresual.
Si hay algo que detesto en política es la mera crítica destructiva incapaz de proponer aunque sea esbozos de alternativas o soluciones a los problemas que se plantean. Por consiguiente, tras haber publicado un par de entradas criticando la forma en que se ha llevado a cabo el proceso congresual del PSOE de Sevilla, quiero dejar constancia aquí de unas cuantas ideas que quizá pudieran contribuir a solventar los problemas de los que he hablado.
No me queda más remedio que comenzar por lo más básico, aunque pueda resultar algo ridículo recordar cosas tan elementales. Nadie puede esperar que los militantes de base discutan y debatan seriamente los documentos de la Comisión Ejecutiva Federal y Regional si no nos son entregados con la suficiente antelación. Estos debieran ser publicados en el web del Partido al menos un mes antes del inicio del período de elección de delegados a los congresos. Se trata de la única forma posible de garantizar que las Agrupaciones Locales puedan organizar debates y sesiones de trabajo mínimamente serias donde la voz de los militantes pueda ser tenida en cuenta más allá de la mera retórica pseudo-demagógica de que hacen gala nuestros dirigentes con demasiada frecuencia.
Segundo, asegurémonos de que las Agrupaciones Locales no eligen a sus delegados al congreso por motivos espúreos que nada tienen que ver con la representación democrática. Por desgracia, las Asambleas Extraordinarias donde se llevan a cabo estas elecciones suelen destacar por la ausencia de debate sobre el contenido de las enmiendas y las distintas posiciones ideológicas y estratégicas que vayan a adoptar los candidatos. Por el contrario, lo que suele ocurrir se parece mucho más a una escenificación de estériles disputas internas cuyo único objetivo es alcanzar determinadas cuotas de poder personal y dirimir las cuitas entre tal o cual familia o clan. Cuando el debate no existe, cuando nadie expone sus puntos de vista en público, cuando los cerebros que organizan cada familia pasan consignas a los militantes fantasma que únicamente aparecen por la Casa del Pueblo para votar lo que les indican, parece imposible pensar que todo ello tenga como consecuencia un verdadero debate de ideas en el propio Congreso. Sencillamente, el proceso está viciado ya desde la base. Si se presentan varias candidaturas, que cada una tenga la posibilidad de exponer las razones por las que considera oportuno no integrarse en la que postula el Comité Local, que se debata y se discuta, que se intercambien las opiniones y se enriquezca la vida interna del Partido de verdad, más allá de las meras palabras.
Tercero, que el propio Congreso vaya encaminado principalmente a intercambiar las opiniones de los delegados, y no a evitar conflictos por temor a que los medios de comunicación magnifiquen las noticias sobre supuestas divisiones internas. El debate, en democracia, ha de ser de lo más lógico y normal. De hecho, la amplia mayoría de los ciudadanos lo asume así, aunque a nosotros nos cueste trabajo asumirlo y prefiramos apostar por las listas de integración y las crisis cerradas en falso para evitar dar la impresión de divisiones intrapartidarias. La realidad es que España cuenta con una democracia consolidada y madura. Los ciudadanos están hartos de artimañas y oligarquías partidistas (los tristemente famosos aparatos) y están exigiendo a gritos transparencia y auténtica democracia interna en nuestros partidos políticos. Si nuestros dirigentes no son capaces de afrontar siquiera el debate interno, ¿cómo pueden garantizar un mínimo de capacidad intelectual para el debate sobre soluciones y políticas que debe caracterizar cualquier democracia avanzada? Hay que abandonar de una vez por todas esos temores al pluralismo y el libre intercambio de ideas que provienen de un pasado en el que la sociedad española aún no había logrado asumir plenamente una mentalidad democrática. La transición hace ya tiempo que finalizó y las nuevas generaciones exigen otras formas de hacer política, más abiertas y transparentes, más participativas. Vivimos en una sociedad de la información, pero son aún demasiados los dirigentes que no han entendido el alcance de los cambios que dicha sociedad impone y pretenden hacer política al viejo estilo, controlando y manipulando la información de la que disponen. No parecen darse cuenta de que, en un mundo dominado por las nuevas tecnologías y la presencia constante de mensajes de lo más diverso en el gran zoco de las ideas, no hay forma de ponerle puertas al campo.
En fin, seguramente habrá otras muchas propuestas que podríamos hacer para mejorar nuestro proceso congresual pero que con estas líneas tenemos ya un breve esbozo con el que comenzar a trabajar.
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8 de junio de 2008
Más impresiones del proceso congresual desde Sevilla.
Aún hay varias cosas que se me quedaron en el tintero con respecto al proceso congresual que estamos viviendo en el Partido Socialista y de las que me gustaría dejar constancia aquí.
Primero, la Ponencia Marco del Federal no se publicó en el web del PSOE hasta poco menos de una semana antes de la Asamblea de mi Agrupación Local, lo cual apenas nos dejaba tiempo para leerla, organizar los grupos de trabajo y proponer enmiendas. Por si eso fuera poco, resulta que la primera versión que subieron al servidor no incluía la numeración de los párrafos, algo estrictamente necesario para una labor como esta.
Segundo, el periodo de tiempo de que dispusimos para trabajar sobre la Ponencia Marco del Regional fue todavía inferior, pues se publicó en el web del PSOE de Andalucía unos cuatro días antes de nuestra Asamblea. El periodo, además, no podía haber sido menos indicado para este tipo de tarea, pues se trataba precisamente de un fin de semana. Como cualquiera puede imaginar, no es nada fácil ponerse a llamar frenéticamente a compañeros y compañeras para acordar el día y la hora de reunión en esas condiciones.
Y, finalmente, con respecto al proceso de discusiones en mi Agrupación Local, quizá se trate del único elemento de este periodo congresual del que he quedado más o menos satisfecho. Durante varios días, debatimos las distintas propuestas de enmienda activamente a través del correo electrónico y durante dos reuniones de trabajo que mantuvimos en la Casa del Pueblo. El día de la Asamblea, se leyeron todas y cada una de ellas, si bien es cierto que todas se aprobaron por unanimidad y sin ningún tipo de discusión. No obstante, este debate entre quienes mostraron mayor interés por trabajarse las ponencias sí que había tenido lugar con anterioridad a la Asamblea. Si acaso, el único motivo de insatisfacción que puede tener uno con respecto al transcurso de la Asamblea y la votación de delegados se refiere al hecho de que ésta tuvo lugar sin haberse producido ningún tipo de presentación previa de las tres candidaturas que concurrieron a la votación. En otras palabras, que los militantes votaron dependiendo del nivel de familiaridad que tuvieran con quienes componían las listas, pero sin haber tenido la oportunidad de haber oído siquiera una declaración de intenciones previa al momento de la decisión final.
Primero, la Ponencia Marco del Federal no se publicó en el web del PSOE hasta poco menos de una semana antes de la Asamblea de mi Agrupación Local, lo cual apenas nos dejaba tiempo para leerla, organizar los grupos de trabajo y proponer enmiendas. Por si eso fuera poco, resulta que la primera versión que subieron al servidor no incluía la numeración de los párrafos, algo estrictamente necesario para una labor como esta.
Segundo, el periodo de tiempo de que dispusimos para trabajar sobre la Ponencia Marco del Regional fue todavía inferior, pues se publicó en el web del PSOE de Andalucía unos cuatro días antes de nuestra Asamblea. El periodo, además, no podía haber sido menos indicado para este tipo de tarea, pues se trataba precisamente de un fin de semana. Como cualquiera puede imaginar, no es nada fácil ponerse a llamar frenéticamente a compañeros y compañeras para acordar el día y la hora de reunión en esas condiciones.
Y, finalmente, con respecto al proceso de discusiones en mi Agrupación Local, quizá se trate del único elemento de este periodo congresual del que he quedado más o menos satisfecho. Durante varios días, debatimos las distintas propuestas de enmienda activamente a través del correo electrónico y durante dos reuniones de trabajo que mantuvimos en la Casa del Pueblo. El día de la Asamblea, se leyeron todas y cada una de ellas, si bien es cierto que todas se aprobaron por unanimidad y sin ningún tipo de discusión. No obstante, este debate entre quienes mostraron mayor interés por trabajarse las ponencias sí que había tenido lugar con anterioridad a la Asamblea. Si acaso, el único motivo de insatisfacción que puede tener uno con respecto al transcurso de la Asamblea y la votación de delegados se refiere al hecho de que ésta tuvo lugar sin haberse producido ningún tipo de presentación previa de las tres candidaturas que concurrieron a la votación. En otras palabras, que los militantes votaron dependiendo del nivel de familiaridad que tuvieran con quienes componían las listas, pero sin haber tenido la oportunidad de haber oído siquiera una declaración de intenciones previa al momento de la decisión final.
7 de junio de 2008
Impresiones del Congreso Provincial Extraordinario de Sevilla.
Hace apenas unas cuantas horas que regresé a casa después de asistir al Congreso Provincial Extraordinario del PSOE de Sevilla. Para quienes no están familiarizados con estos asuntos, el Congreso Provincial Extraordinario es donde se discuten (al menos, se supone que se discuten) las enmiendas presentadas por todas las Agrupaciones Locales de la provincia a los documentos de ponencia marco para los congresos regional y federal. Además, también se eligen los delegados que nos representarán en dichos congresos. En otras palabras, que no tiene entre sus funciones elegir a la Comisión Ejecutiva Provincial con su Secretario General a la cabeza, algo que queda para el Congreso Provincial Ordinario.
Pues bien, ¿qué me ha parecido? La verdad es que uno no sabe por dónde empezar. Con respecto a la función esencial del encuentro (esto es, discutir y, si cabe, aprobar las enmiendas presentadas por las Agrupaciones Locales) la cosa ha dejado mucho que desear. Cada delegado podía apuntarse a la comisión que deseara de las dos que se habían organizado: la que discutiría la Ponencia Marco del Federal y la que debatiría la Ponencia Marco del Regional. En mi caso, me apunté a la del Federal. Se nos invitó a entrar en una amplia sala donde el ponente elegido por la Comisión Ejectiva Provincial comenzó a leer a velocidad de vértigo la numeración de las enmiendas planteadas e informarnos sobre si el grupo de trabajo de la dirección que se había reunido con anterioridad al Congreso las creía asumibles o no. Llegado este punto me parece importante subrayar lo de que la velocidad a que mencionaba las enmiendas era tan acelerada que en diversas ocasiones nos perdimos los asistentes y no acertamos a encontrar la página correcta que se estaba "discutiendo". Es más, el propio ponente se perdió en la marabunta de cifras al menos en dos ocasiones que yo pudiera contabilizar. En ningún momento hubo debate ni discusión alguna. Las enmiendas, sencillamente, se asumían o no y, en aquellos casos en los que no se asumían, se permitía a los representantes de las Agrupaciones Locales que las habían planteado defenderlas. Ahora bien, la "defensa" siempre consistió en una clarificación que a menudo era aceptada por el proponente y... ¡fin de discusión! Se añade a la lista de las enmiendas asumidas y... ¡todo solucionado! La única excepción a este estado de cosas fue una enmienda planteada sobre la marcha que implicaba la eliminación de unas 8 enmiendas ya existentes (lo que se denomina una "enmienda de transacción" en la jerga congresual). Ésta sí que se discutió, votó y rechazó, pero solamente después de haber sido transformada en "enmienda de adición" (esto es, propuesta para añadir un texto determinado al documento) a otro párrafo completamente distinto. Aparte de eso, poco más puedo reseñar de mi bochornosa experiencia. Ni "debate de ideas", ni discusión de enmiendas, ni votación sobre las mismas, ni nada de nada. El tren exprés pasó por la estación a velocidad de vértigo y ni siquiera nos enteramos. Y, por si todo esto fuera poco, resulta que mientras tenían lugar los "debates" de las ponencias también se realizó la votación personal y secreta para la lista de delegados, aunque en un principio la mesa del Congreso quería llevar a cabo esta votación... ¡a mano alzada! ¡Ahí es nada! ¡Olé la democracia!
En fin, que mi conclusión no puede ser más desoladora. Conmigo había una compañera que asistía por primera vez a un Congreso del Partido (comenzó a militar hace apenas dos años) y se llevó la peor impresión que uno pueda imaginarse. Al salir me comentaba (y con toda la razón del mundo) que para eso no hacía falta siquiera convocar un Congreso. Uno tenía la sensación de que nos habían engañado a todos con un tongo descomunal. ¿El resultado? La compañera a la que me refería se está planteando si la militancia política vale para algo y yo creo que he quedado escaldado por un buen tiempo. Si llego a saber que el Congreso Provincial Extraordinario iba a ser esto, prefiero pasar el día de hoy con mi esposa y tres hijos. Seguramente habrá después quien se queje en el Partido de la falta de compromiso político de los ciudadanos. O cambiamos esto o la sociedad va a pasar por completo de los partidos políticos, y con razón.
Pues bien, ¿qué me ha parecido? La verdad es que uno no sabe por dónde empezar. Con respecto a la función esencial del encuentro (esto es, discutir y, si cabe, aprobar las enmiendas presentadas por las Agrupaciones Locales) la cosa ha dejado mucho que desear. Cada delegado podía apuntarse a la comisión que deseara de las dos que se habían organizado: la que discutiría la Ponencia Marco del Federal y la que debatiría la Ponencia Marco del Regional. En mi caso, me apunté a la del Federal. Se nos invitó a entrar en una amplia sala donde el ponente elegido por la Comisión Ejectiva Provincial comenzó a leer a velocidad de vértigo la numeración de las enmiendas planteadas e informarnos sobre si el grupo de trabajo de la dirección que se había reunido con anterioridad al Congreso las creía asumibles o no. Llegado este punto me parece importante subrayar lo de que la velocidad a que mencionaba las enmiendas era tan acelerada que en diversas ocasiones nos perdimos los asistentes y no acertamos a encontrar la página correcta que se estaba "discutiendo". Es más, el propio ponente se perdió en la marabunta de cifras al menos en dos ocasiones que yo pudiera contabilizar. En ningún momento hubo debate ni discusión alguna. Las enmiendas, sencillamente, se asumían o no y, en aquellos casos en los que no se asumían, se permitía a los representantes de las Agrupaciones Locales que las habían planteado defenderlas. Ahora bien, la "defensa" siempre consistió en una clarificación que a menudo era aceptada por el proponente y... ¡fin de discusión! Se añade a la lista de las enmiendas asumidas y... ¡todo solucionado! La única excepción a este estado de cosas fue una enmienda planteada sobre la marcha que implicaba la eliminación de unas 8 enmiendas ya existentes (lo que se denomina una "enmienda de transacción" en la jerga congresual). Ésta sí que se discutió, votó y rechazó, pero solamente después de haber sido transformada en "enmienda de adición" (esto es, propuesta para añadir un texto determinado al documento) a otro párrafo completamente distinto. Aparte de eso, poco más puedo reseñar de mi bochornosa experiencia. Ni "debate de ideas", ni discusión de enmiendas, ni votación sobre las mismas, ni nada de nada. El tren exprés pasó por la estación a velocidad de vértigo y ni siquiera nos enteramos. Y, por si todo esto fuera poco, resulta que mientras tenían lugar los "debates" de las ponencias también se realizó la votación personal y secreta para la lista de delegados, aunque en un principio la mesa del Congreso quería llevar a cabo esta votación... ¡a mano alzada! ¡Ahí es nada! ¡Olé la democracia!
En fin, que mi conclusión no puede ser más desoladora. Conmigo había una compañera que asistía por primera vez a un Congreso del Partido (comenzó a militar hace apenas dos años) y se llevó la peor impresión que uno pueda imaginarse. Al salir me comentaba (y con toda la razón del mundo) que para eso no hacía falta siquiera convocar un Congreso. Uno tenía la sensación de que nos habían engañado a todos con un tongo descomunal. ¿El resultado? La compañera a la que me refería se está planteando si la militancia política vale para algo y yo creo que he quedado escaldado por un buen tiempo. Si llego a saber que el Congreso Provincial Extraordinario iba a ser esto, prefiero pasar el día de hoy con mi esposa y tres hijos. Seguramente habrá después quien se queje en el Partido de la falta de compromiso político de los ciudadanos. O cambiamos esto o la sociedad va a pasar por completo de los partidos políticos, y con razón.
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2 de junio de 2008
Ponencia Marco del 37 Congreso Federal del PSOE

Me ha encantado la Ponencia Marco para el 37 Congreso Federal del PSOE que hemos venido discutiendo desde hace aproximadamente un mes o así. De hecho, en buena parte defiende un proyecto muy similar a lo que yo denomino aquí socialismo ciudadano: adaptación de las políticas progresistas a la sociedad de nuestros días, reivindicación de un Estado ágil y eficiente, primacía de la educación para competir en una economía global, atención a la investigación y la innovación como claves de una sociedad dinámica y capaz de adaptarse a los cambios, aplicación de las nuevas tecnologías y su integración en nuestro quehacer cotidiano, apuesta por las energías alternativas (echo de menos siquiera una sola referencia a la necesidad de promover el ahorro energético, sin embargo), defensa de la gobernanza global, etc.
Ahora bien, donde verdaderamente creo acertado el documento es en las reformas que promueve para adaptar la estructura del Partido Socialista a los cambios que se están produciendo en la sociedad. Así, propone, en primer lugar, la creación de Agrupaciones Municipales en las grandes capitales para dotarlas de la autonomía y la capacidad suficientes que les permita elaborar unas políticas urbanas sólidas y homogéneas, en lugar de verse sometidas a los reinos de taifas que predominan en la actualidad. En segundo lugar, propone que las Agrupaciones Locales del Partido en esas mismas grandes ciudades se amolden a la división político-administrative en distritos municipales para aumentar su eficiencia en la defensa de la resolución de todos aquellos problemas que afectan a los ciudadanos en su vida cotidiana. Y, finalmente, crea la innovadora figura del Coordinador de Sección Electoral para llevar las políticas del Partido a todas y cada unas de las secciones electorales repartidas por el territorio nacional, así como llevar las inquietudes de los ciudadanos a la organización del Partido. Todo esto es, sin lugar a dudas, más que necesario en unas circunstancias en las que los socialistas nos estamos desangrando electoralmente precisamente en las grandes ciudades, donde las nuevas clases medias llevan la voz cantante y prefieren mirar hacia otras fuerzas políticas para defender sus ideas e intereses. Si no nos adelantamos a estos cambios, corremos el riesgo de reaccionar demasiado tarde, como sucediera en su momento en el Norte de Europa donde la derecha hace tiempo que consiguió hacerse con la hegemonía política, interrumpida tan sólo temporalmente por cortos periodos de gobierno de la izquierda aquí y allá.
Por último, también me parece interesante la propuesta de crear la figura del cibermilitante, aunque no está lo suficientemente definida en el texto como para hacerse a la idea de la forma concreta que pueda adoptar en último término. Queda claro, creo yo, que el Partido se encargará de poner a la disposición de estos "militantes virtuales" las herramientas que les hagan falta para llevar a cabo su tarea (acceso a la red corporativa, herramientas, foros de discusión de ideas, etc.). Asimismo, creo que también se tiene la intención de que estos militantes puedan ejercer su derecho al voto de forma virtual. Ahora bien, no queda nada claro hasta qué punto aquellos que ya militamos en el Partido y nos encuadramos en una Agrupación Local pero que usamos las nuevas tecnologías a diario también podremos sumarnos al grupo de los cibermilitantes, ni tampoco cómo se formalizará dicha "doble militancia", entre otras muchas cosas. En fin, que parece claro que los autores del texto simplemente querían lanzar la idea para que sean ahora los militantes quienes le den forma en los debates precongresuales, en el Congreso mismo y, por supuesto, en las conferencias políticas que casi con toda seguridad habrán de seguirle.
En definitiva, que la Ponencia Marco me parece un documento extraordinariamente valioso para el PSOE en esta encrucijada en que nos encontramos. Por cierto, que las discusiones que han estado teniendo lugar en el grupo de discusión que se ha montado en Facebook sobre este tema han sido de lo más interesante y han venido a demostrar el enorme potencial de la aplicación de las nuevas tecnologías a la política socialista.
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