Mostrando entradas con la etiqueta PSOE-A. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PSOE-A. Mostrar todas las entradas

11 de mayo de 2009

Entrevistas con José Antonio Griñán.

Tanto Diario de Sevilla como El País publicaron ayer sendas entrevistas con José Antonio Griñán, nuevo Presidente de la Junta de Andalucía, de las que me gustaría entresacar algunos puntos aquí. Por lo que hace a la primera, me parece que destaca su posicionamiento en cuanto a la cuestión del andalucismo:
Creo que fue Carlos Castilla del Pino quien decía hace unos días que lo peor para entender Andalucía era considerarse andalucista, porque te encierras en una sola realidad. Yo, cuando defiendo a Andalucía, la defiendo en el conjunto de España y de Europa. Y digo siempre que España es el mejor proyecto para Andalucía como Europea es el mejor proyecto para España. Ésta es mi idea general: no creo en el aislamiento, no creo que Andalucía siempre tenga razón, no creo que siempre tenga que ganar por encima de todas las demás porque nos lo merecemos. Lo que siempre digo es que Andalucía nunca va a aceptar que la traten con injusticia, que no le den aquello que le corresponde.

Ya lo discutimos durante el XI Congreso Regional del PSOE-A este verano pasado. La inclusión de ciertas referencias a Blas Infante y el nacionalismo andaluz en la Ponencia Marco preparada para aquel Confreso levantó ampollas entra los militantes y acabó por ser retirada. Me pareció correcto entonces y me lo sigo pareciendo ahora. Sencillamente, el nacionalismo andaluz es casi inexistente y cuenta, afortunadamente, con bien poco apoyo social en esta tierra. El PA, por ejemplo, ha pagado el alto precio de equivocarse en su análisis respecto a este tema, lanzándose a una alocada carrera por ser más papista que el Papa que les condujo en última instancia a desaparecer del Parlamento autonómico así como de numerosos Ayuntamientos. Cuando se trata de este tema, los andaluces no se andan con chiquitas. Existe cierta conciencia de compartir una identidad, sí, pero a lo máximo que llega es a un regionalismo acentuado, no más. El andaluz se reconoce como miembro de una comunidad política que va más allá de sus fronteras o, como claramente afirma nuestro propio himno, "por sí, por España y la Humanidad". Que nadie venga a vendernos la moto y querer montar aquí una sucursal del PNV porque se equivoca de todas todas.

Aún más importante me parece el hecho de que Griñán sepa conectar esta actitud hacia el nacionalismo con la afirmación de la solidaridad, concepto esencial donde los haya para definir la ideología (y, esperemos, también la práctica) política socialista:
...me empeño en defender a Andalucía de la manera más inteligente. Pero le añado algo más: cuando defiendo a Andalucía en el conjunto de España es porque sé que Andalucía necesita a España. Los que tienen tendencias nacionalistas, y por tanto separadoras, son las regiones europeas que han sido más ricas, porque dentro del nacionalismo siempre hay egoísmo. Andalucía no está todavía en la media de España, luego necesita al conjunto, necesita la solidaridad; por tanto, lo contrario, sería una estupidez. Si no hay cosa más tonta que ser un obrero de derechas, ser nacionalista en una región que todavía no está en la media no es tampoco muy inteligente.

Se le puede acusar de arrimar el ascua a su sardina, por supuesto, pero ésa es precisamente su función como Presidente que es de todos los andaluces. No obstante, tiene más razón que un santo. No entiendo el nacionalismo reivindicativo y anti-imperialista que han querido promocionar ciertos sectores de nuestra ultraizquierda estos últimos años, a no ser que se trate de una mera copia del modelo batasuno que tanta admiración genera entre las filas del izquierdismo estéticamente revolucionario que se gastan algunos. Sencillamente, el nacionalismo ha sido siempre santo y seña de la burguesía liberal interesada en montar estructuras de poder que respondieran a sus propios intereses económicos. La izquierda nunca se sintió identificada con las fronteras, sino que siempre apostó desde un principio por el internacionalismo. El que algunos hayan perdido el norte como consecuencia de la confusión posmoderna y el multiculturalismo localista no es razón suficiente para que los socialistas echemos por la borda más de un siglo de historia y nos abandonemos a los brazos del nacionalismo.

Igual de acertado me parece Griñán, asimismo, en las afirmaciones que hace sobre la importancia de la educación para ayudarnos a salir de esta crisis y poner los cimientos de un nuevo modelo de crecimiento económico más sostenible y racional:
Hay una urgencia, que es salir de la crisis, y en las mejores condiciones. Y luego, dos prioridades. Una, la descentralización política y administrativa, y la segunda, la educación. Los ayuntamientos pueden asumir mejor financiación y más competencias. En la educación, nuestro objetivo es que los valores dominantes sean el mérito, la capacidad, la excelencia, el estudio, el trabajo, la disposición y la disponibilidad. (...) No consiste sólo en meter más o menos dinero. Hace falta una alianza estratégica entre padres, profesores, alumnos y administración. Una alianza que sirva para que cualquier chaval sepa que lo que se valora de él es lo que aprende. Me aterra que en los colegios se vea mal a los chavales que estudian, que haya una especie de acoso colectivo a los que mejores notas sacan. (...) La formación ha cambiado radicalmente. Pero lo que me da miedo es que nos estemos preocupando mucho por el final, y no entremos en el principio. Nuestra televisión, por ejemplo, tiene que difundir eso también: no se es mejor por salir en televisión haciendo una gracia sino que se es mejor porque has estudiado mucho.

He de reconocer que me preocupan un tanto esos comentarios si está haciendo un llamamiento nostálgico a "la enseñanza de antes", que es lo que suele hacer la derecha. Cuando oímos una reivindicación de los valores del esfuerzo, el mérito y la excelencia en boca de Rajoy todos sabemos a qué se está refiriendo: a la enseñanza memorística de siempre, al prepararse para los exámenes finales como si se tratara de hacer oposiciones (algo, por cierto, en lo que casi todos los líderes de nuestra derecha han sobresalido, a diferencia de la derecha moderna de otros países, que cuando alaga a los emprendedores y defiende la libre empresa se lo cree porque sus propios dirigentes provienen precisamente de ahí) y, sobre todo, restablecer la "autoridad" en clase. Ni que decir tiene que, cuando hablan de la autoridad, están pensando realmente en que los chavales sigan a pies juntillas lo que establezca el profesor y sigan la clase sin rechistar. En definitiva, que se trata de un concepto de la educación más propio del siglo XIX que de la sociedad del conocimiento que ya tenemos aquí. En fin, confío en que Griñán vaya por otra onda completamente diferente. Después de todo, es posible reivindicar los valores que menciona desde una perspectiva bien alejada del tradicionalismo y el autoritarismo que, por desgracia, todavía vemos demasiado a menudo por estas tierras. Sea como fuere, los cambios que menciona en nuestra televisión autonómica hace ya tiempo que debieran haberse dado. Me avergüenza el hecho de que los socialistas gestionamos una televisión pública que en bien poco se diferencia de la telebasura de los canales privados. En este sentido, tenemos mucho que aprender del modelo de televisión pública aplicado en otros sitios.

En fin, cierro esta post con la reivindicación que hace Griñán de la socialdemocracia:
Ser socialdemócrata es más rojo que ser comunista. Porque lo único que transforma a la sociedad es lo posible, no lo imposible. Las lágrimas que se derramaron por las utopías que no se realizaron son muchas menos que las que se han derramado por las utopías realizadas. Si algo sabemos ya es que no podemos obligar a las personas ni a ser felices ni a ser buenas. Si no hay libertad, no hay progresismo y una política que se olvida de la libertad no es de izquierda. Por lo tanto, creo que lo rojo está en la socialdemocracia. Lo otro es palabrería.

Esa frase ("ser socialdemócrata es más rojo que ser comunista, porque lo único que transforma a la sociedad es lo posible, no lo imposible") merece ser incluida en una de nuestra ponencias marco. Dicho sea todo esto sin obviar el hecho de que no me gustado del todo el procedimiento seguido para la elección de Griñán como nuevo Presidente de la Junta en sustitución de Manuel Chaves. Y es que, sin dejar de reconocer las dificultades de afrontar un proceso sucesorio en medio de la crisis económica que nos azota, me rebelo ante la idea de quienes conciben la militancia como mera tropa para repartir propaganda, rellenar las mesas electorales y acudir a los mítines en autobuses fletados por la organización. Ni los militantes del PSOE-A ni tampoco los propios votantes se merecen este tipo de artimañas. Ello no quita, por supuesto, para que critique también la hipocresía de una derecha que acusa a los socialistas de aplicar unos métodos que ellos mismos emplean constantemente. O, lo que es lo mismo, que las raíces del problema no están en tal o cual partido, tal o cual líder, sino que va mucho más lejos. Me temo que no cambiará hasta que reformemos el sistema electoral, pero ésa es otra historia bien diferente que no vamos a tratar aquí.

30 de julio de 2008

Conclusiones del periodo congresual.

Terminado ya el periodo congresual del PSOE, merece la pena detenerse a hacer cuentas y ver qué nos ha deparado. Comencemos por el 37 Congreso Federal (los documentos aprobados en este Congreso pueden bajarse de este enlace), que es precisamente el que más satisfecho me ha dejado. Las resoluciones aprobadas renuevan el contenido ideológico y programático del partido, poniéndolo al día con los cambios que se han venido experimentando en los dos últimas décadas. El documento gira en torno a los avances que se están produciendo en las sociedades avanzadas y que están llevando a una progresiva profundización de las libertades individuales, fenómeno que las políticas socialistas y socialdemócratas están acompañando y potenciando desde los gobiernos mediante la aplicación de políticas que contribuyen a expandir los derechos individuales. Propuestas como la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia o la legalización del matrimonio para las personas del mismo sexo se enmarcan precisamente en este contexto. Otras propuestas incluidas en las resoluciones me parecen igualmente válidas para un política de progreso en el ámbito de nuestras sociedades post-industriales: la defensa de un Estado dinámico pero no burocratizado ni excesivamente intervencionista, la visión global de las políticas que se aplican incluso a nivel nacional, la importancia de integrar a los inmigrantes evitando la construcción de una fortaleza que impida cualquier tipo de contacto a través de las fronteras, la flexiseguridad como respuesta a los problemas planteados por la globalización y la competencia de los países en vías de desarrollo, la vital importancia de construir una economía sostenible que no contribuya a empeorar los problemas medioambientales que ya tenemos planteados, etc. Pero la parte que más me ilusiona del documento es la dedicada al nuevo modelo de partido para esta nueva sociedad de la que venimos hablando. Se trata de construir un partido mucho más conectado con el ciudadano de a pie, más abierto a la sociedad, volcado en la gestión de los asuntos públicos y el servicio a los ciudadanos. Para ello, propone cambiar la estructura orgánica del partido para amoldarse a las divisiones administrativas dentro de las grandes capitales mediante la creación de Agrupaciones de Distrito (en estos momentos sucede a menudo que las Agrupaciones Locales del partido se solapan con los distritos municipales), la creación de Agrupaciones Municipales en las capitales de provincias y grandes ciudades, la creación de la figure del coordinador de Sección Electoral para establecer vínculos de contacto con los ciudadanos, etc. Eso sí, habrá que esperar a que todas estas ideas se concreten en las respectivas conferencias políticas. No tendría nada de extraño que las instancias provinciales del partido lograran recortar el enorme componente transformador contenido en estas medidas en un desesperado intento de preservar sus propias cotas de poder. Sería una pena, pues perderíamos una oportunidad de oro para adaptarnos a los cambios que está experimentando la sociedad española en estos momentos, antes de que sea demasiado tarde y tengamos que actuar con retraso.

Por lo que hace al 11 Congreso Regional del PSOE-A, ya escribí en su momento (aquí) que afortunadamente se había dado marcha atrás en lo que respecta a las referencias (en mi opinión excesivas) a Blas Infante y el andalucismo como elemento primordial del socialismo andaluz. Sencillamente, el socialismo es universalista o no es socialismo. No es necesario renunciar al amor por la tierra de uno para postular unos valores universales y humanistas como los que siempre caracterizaron al socialismo democrático. Pero es que, además, por si esto fuera poco, el PSOE-A puede sentir el legítimo orgullo de haber protagonizado el mayor avance político, social y económico de los últimos siglos en la historia de Andalucía, algo que no pueden decir ni siquiera quienes se califican a sí mismos de "andalucistas" o "nacionalistas andaluces". Seamos claros: los andaluces no se sienten identificados con un concepto chato y egoísta de nación como el que parece tener mucho más éxito en otros lugares. En nuestra tierra, la amplia mayoría de la gente no tiene problema alguno sintiéndose profundamente andaluz y, al mismo tiempo, español, europeo e incluso, si me apuran, hasta universal. El hecho de que los andalucistas hayan quedado relegados a malvivir como fuerza extraparlamentaria tras las recientes elecciones autonómicas no es precisamente accidental. De ahí que me parezca erróneo el apostar a caballo perdedor e intentar apoderarse ahora de la marca andalucista. En todo caso, el 11 Congreso Regional ha pasado, creo, sin pena ni gloria. Se trató, claramente, de un congreso de continuidad. Chaves es mucho Chaves. Nadie se atreve a poner en cuestión al Secretario General que nos ha llevado a triunfar en las urnas desde 1990 sin interrupción. Y, sin embargo, debiera ser bien evidente que nos encontramos en una situación de claro impasse. Ni aparecen caras nuevas que logren ilusionar a los votantes, ni tampoco puede decirse que prevalezcan las ideas transformadoras en el seno del PSOE-A en estos momentos.

Finalmente, tenemos el Congreso Ordinario Provincial del PSOE de Sevilla. Ya escribí en su momento sobre la decisión de Demetrio Pérez de retirar su candidatura a la Secretaría General, y tengo bien poco que añadir. Si acaso, el hecho de que las disputas internas en el seno del PSOE de Sevilla (a diferencia de las que se producen a nivel federal o regional) siempre han estado limitadas a meras cuestiones de poder. Cierto, la política siempre revuelve en torno al poder, pero al menos en otras instancias se hace un esfuerzo por elaborar las líneas generales de un proyecto político. A nivel provincial (por lo menos en lo que hace a Sevilla), todo se limita a la más descarnada disputa por el poder puro y duro. Casi se diría que la mediocridad llega a tal nivel que a nadie se le ocurre siquiera la posibilidad de elaborar un programa mínimo que logre aglutinar a un grupo de personas. Las consecuencias, como es lógico, son fáciles de prever: sin nada que cohesione al grupo, cada miembro se entrega enseguida a una auténtica orgía de conspiraciones, disputas personales y puñaladas por la espalda. Estoy convencido de que esto no cambiará hasta que seamos capaces de poner en pie cuando menos un esqueleto de programa socialista para la provincia de Sevilla.

11 de julio de 2008

Eliminación de la mención a Blas Infante como "principal referencia" del socialismo andaluz.

Un buen amigo (y compañero del PSOE) me ha enviado el enlace a un artículo publicado por El País en el que se informa que los socialistas andaluces han decidido eliminar la mención de la Ponencia Marco para el 11º Congreso Regional en el que se hablaba de Blas Infante como "referencia principal" del PSOE-A. Como ya escribí en su momento, la enmienda me parecía necesaria. Bien está concebir a Blas Infante como una más entre otras referencias políticas del socialismo andaluz, pero de ahí a considerarle la "referencia principal" media un abismo. En cualquier caso, la redacción definitiva que se presentará al Congreso me parece mucho más sensata:
Si por andalucismo se entiende haber llevado a buen puerto muchos de los sueños que tuvieron para Andalucía personalidades que para nosotros son una referencia, como Blas Infante, no hay nada más andalucista que el Partido Socialista de Andalucía.

Completamente de acuerdo.

21 de junio de 2008

Algunas propuestas constructivas para mejorar el debate congresual.

Si hay algo que detesto en política es la mera crítica destructiva incapaz de proponer aunque sea esbozos de alternativas o soluciones a los problemas que se plantean. Por consiguiente, tras haber publicado un par de entradas criticando la forma en que se ha llevado a cabo el proceso congresual del PSOE de Sevilla, quiero dejar constancia aquí de unas cuantas ideas que quizá pudieran contribuir a solventar los problemas de los que he hablado.

No me queda más remedio que comenzar por lo más básico, aunque pueda resultar algo ridículo recordar cosas tan elementales. Nadie puede esperar que los militantes de base discutan y debatan seriamente los documentos de la Comisión Ejecutiva Federal y Regional si no nos son entregados con la suficiente antelación. Estos debieran ser publicados en el web del Partido al menos un mes antes del inicio del período de elección de delegados a los congresos. Se trata de la única forma posible de garantizar que las Agrupaciones Locales puedan organizar debates y sesiones de trabajo mínimamente serias donde la voz de los militantes pueda ser tenida en cuenta más allá de la mera retórica pseudo-demagógica de que hacen gala nuestros dirigentes con demasiada frecuencia.

Segundo, asegurémonos de que las Agrupaciones Locales no eligen a sus delegados al congreso por motivos espúreos que nada tienen que ver con la representación democrática. Por desgracia, las Asambleas Extraordinarias donde se llevan a cabo estas elecciones suelen destacar por la ausencia de debate sobre el contenido de las enmiendas y las distintas posiciones ideológicas y estratégicas que vayan a adoptar los candidatos. Por el contrario, lo que suele ocurrir se parece mucho más a una escenificación de estériles disputas internas cuyo único objetivo es alcanzar determinadas cuotas de poder personal y dirimir las cuitas entre tal o cual familia o clan. Cuando el debate no existe, cuando nadie expone sus puntos de vista en público, cuando los cerebros que organizan cada familia pasan consignas a los militantes fantasma que únicamente aparecen por la Casa del Pueblo para votar lo que les indican, parece imposible pensar que todo ello tenga como consecuencia un verdadero debate de ideas en el propio Congreso. Sencillamente, el proceso está viciado ya desde la base. Si se presentan varias candidaturas, que cada una tenga la posibilidad de exponer las razones por las que considera oportuno no integrarse en la que postula el Comité Local, que se debata y se discuta, que se intercambien las opiniones y se enriquezca la vida interna del Partido de verdad, más allá de las meras palabras.

Tercero, que el propio Congreso vaya encaminado principalmente a intercambiar las opiniones de los delegados, y no a evitar conflictos por temor a que los medios de comunicación magnifiquen las noticias sobre supuestas divisiones internas. El debate, en democracia, ha de ser de lo más lógico y normal. De hecho, la amplia mayoría de los ciudadanos lo asume así, aunque a nosotros nos cueste trabajo asumirlo y prefiramos apostar por las listas de integración y las crisis cerradas en falso para evitar dar la impresión de divisiones intrapartidarias. La realidad es que España cuenta con una democracia consolidada y madura. Los ciudadanos están hartos de artimañas y oligarquías partidistas (los tristemente famosos aparatos) y están exigiendo a gritos transparencia y auténtica democracia interna en nuestros partidos políticos. Si nuestros dirigentes no son capaces de afrontar siquiera el debate interno, ¿cómo pueden garantizar un mínimo de capacidad intelectual para el debate sobre soluciones y políticas que debe caracterizar cualquier democracia avanzada? Hay que abandonar de una vez por todas esos temores al pluralismo y el libre intercambio de ideas que provienen de un pasado en el que la sociedad española aún no había logrado asumir plenamente una mentalidad democrática. La transición hace ya tiempo que finalizó y las nuevas generaciones exigen otras formas de hacer política, más abiertas y transparentes, más participativas. Vivimos en una sociedad de la información, pero son aún demasiados los dirigentes que no han entendido el alcance de los cambios que dicha sociedad impone y pretenden hacer política al viejo estilo, controlando y manipulando la información de la que disponen. No parecen darse cuenta de que, en un mundo dominado por las nuevas tecnologías y la presencia constante de mensajes de lo más diverso en el gran zoco de las ideas, no hay forma de ponerle puertas al campo.

En fin, seguramente habrá otras muchas propuestas que podríamos hacer para mejorar nuestro proceso congresual pero que con estas líneas tenemos ya un breve esbozo con el que comenzar a trabajar.

3 de junio de 2008

Ponencia Marco del 11 Congreso Regional del PSOE de Andalucía

Si ayer escribía en términos elogiosos de la Ponencia Marco del Congreso Federal, hoy no me queda más remedio que ser bastante más crítico con la Ponencia Marco del 11 Congreso Regional del PSOE de Andalucía (ver otros documentos y más información sobre este congreso aquí). Casi pareciera que, tras los desastrosos resultados del Partido Andalucista en las recientes elecciones autonómicas andaluzas (perdieron la representación minoritaria que tenían en el Parlamento andaluz poco después de verse apeados también de casi todos los Ayuntamientos de las grandes capitales en la región), algún estratega del Partido haya visto la luz y haya decidido apostar firmemente por un firme viraje hacia el andalucismo más descarnado. Por si cabe alguna duda, he aquí un simple botón de muestra. Se trata del párrafo 299 de la ponencia que comentamos:
Nuestra principal referencia es el padre de la patria andaluza, Blas Infante, que ya nos marcó la vía de la cohesión y la concertación a seguir cuando, hace camino ya de un siglo, nos exhortó, en referencia a la transformación de Andalucía, que, "a la hora de la resurrección, contribuyamos todos con todo nuestro entusiasmo, que todos nos sintamos igualmente redentores".
¡Ahí es nada! El texto no tiene desperdicio, la verdad. Para empezar, cuesta trabajo creer que un socialista considere a Blas Infante "nuestra principal referencia". Sus opiniones serán todo lo respetables que se quiera, pero de ahí a convertirle en referencia del socialismo andaluz media un abismo. Uno, en su infinita inocenia, siempre había pensado que nuestros referentes eran personajes como Pablo Iglesias, Julián Besteiro, Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos o Victoria Kent (sí, soy consciente de que Kent no fue militante del PSOE, sino del Partido Radical Socialista de Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz, lo que no quita para que se le pueda considerar como representante de nuestra tradición), entre muchos otros personajes anónimos que entregaron su vida a la causa del socialismo en nuestra tierra. Pero ahora resulta que uno estaba equivocado y nuestro referente "principal" (según la ponencia) no es otro que el mismo individuo que en su momento nos legara citas como las siguientes:
Nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos. ¡Europa no; Andalucía!
Europa fue nuestra conquistadora (la de Al-Andalus) y Castilla la avanzada de su ejército que contra nosotros peleó.
Rechacemos la representación de un Estado que nos deshonra. Declarémonos separatistas de este Estado. (...) Avergoncémonos de haberlo sufrido y condenémoslo al desprecio.
En fin, que se trata de una auténtica bacanal pseudo-nacionalista que bien poco tiene que ver con la tradición ilustrada, humanista y universalista del socialismo. ¿A qué vienen esas referencias a los padres de la patria? ¿A qué esas reivindicaciones de la identidad colectiva entendida siempre de forma folklórica e impositiva? La mencionada ponencia necesita un buen remozado que, esperemos, se lleve a cabo durante las sesiones del 11 Congreso Regional. Los socialistas andaluces no tenemos necesidad de adoptar el vocabulario y las maneras de los nacionalistas para demostrar nuestro amor por la tierra ni defender nuestra labor en pos de la construcción de una Andalucía más justa. Eso lo venimos haciendo durante las tres últimas décadas con algo mucho más importante que la simple retórica separatista y patriotera: los hechos de nuestras políticas.